Hacer una lectura de la globalización frente a los Derechos humanos, puede traducirse en hacer una mirada sobre la dinámica de los procesos económicos actuales y su discurso legitimador más eficiente, sin embargo es preciso preguntarse ¿los Derechos Humanos necesariamente tienen que estar forzados a ser un discurso que justifica del modelo económico y sus acciones, limitando la subjetividad de los seres y comunidades o pueden ser subvertidos y adoptados como posibilidad emancipadora para estos últimos?.
Resulta conveniente analizar el contexto en el que se desarrolla la globalización, puesto que se evidencia la necesidad de considerar las relaciones que se establecen entre la globalización y la construcción política, social, cultural y económica que se teje en torno a ella durante el siglo XX y comienzos del actual. Construcción que se configura de la mano de la adopción definitiva del modelo capitalista neoliberal, surgimiento de las luchas de clases transnacionales, “La internacionalización del capital significa simultáneamente la internacionalización del proceso productivo y también la internacionalización de la cuestión social. Internacionalización de las clases sociales, reciprocidades y antagonismos. La lucha de clases conducida por el capital ocurre por todo el mundo y el proletariado ya no puede ignorar este hecho” , inestabilidades económicas en los países en vías de desarrollo, entre otras.
Así pues Globalización en términos de Boaventura de Sousa, “se compone de conjuntos de relaciones sociales que al interrelacionarse dan como resultado la historia de los ganadores, contada por los ganadores”. Agrupando sistemática y formalmente a la humanidad bajo el escenario positivo del derecho pero creando brechas sustanciales y diferencias significativas en cuanto a lo que debería igualar a los sujetos: el derecho a ser humanos y a vivir como tales. Pues las políticas transnacionales no lo permiten.
No obstante debe entenderse a la globalización como un sistema complejo en continuo movimiento que es susceptible de ser analizado a la luz de diversas disciplinas y que, por ser un proceso dinámico, hace referencia a “una serie compleja de ‘procesos’ históricos de transformación económica, tecnológica, institucional y social” . Estos procesos de transformación, no pretenden que se busquen interpretaciones de sus posibles efectos, sino que establecen que mientras más se globalizan las relaciones jurídico-económicas, “más se ‘localizan’ o se ‘fragmentan’ las manifestaciones sociales, laborales y culturales, en las cuales aquéllas han de desarrollarse, produciendo además una relación desigual entre unas y otras” .
La globalización se establece como la práctica por esencia de la modernidad y de la occidentalización, se asimila al argumento de “deconstrucción” que da el capitalismo en su fase de expansión global. Puesto que lo que la deconstrucción en el sistema mundial por parte de la globalización genera realidades destruidas y fragmentadas donde no hay un sentido unificador o universal, a la vez una universalidad totalitaria que se ubica en nuevo modelo del libre comercio- desregulación- eficiencia de los mercados financieros, que son los mecanismos a través de los cuales se construye o deconstruye esta nueva realidad destruida. La racionalidad instrumental se constituye en elemento fundamental de políticas transnacionales y hegemónicas.
Se evidencia en el proceso que significa la globalización un proceso de reconfiguración del orden mundial, donde los modelos económicos tomas importante significación. Se establece entonces como el movimiento que pone en crisis la soberanía del estado-Nación, puesto que el tipo de relaciones que se establecen entre los estados ya no tiene un carácter interestatal sino ahora están sometidos al tipo de relaciones transnacionales, en las cuales las fronteras son reducidas a tal punto que la no hay necesidad de apertura; pues prácticamente están despareciendo. Así mismo se encuentra un panorama en el que la permeabilidad de las decisiones políticas y económicas y Desterritorialización de las relaciones sociales en general que se extiende a todos los aspectos de la realidad social, económica, política y cultural. Resaltando las “tensiones dialécticas que se fundan en el corazón de la modernidad occidental” dichas tensiones son entre la regulación social y la emancipación social; entre el Estado y la sociedad civil; y finalmente entre el Estado-Nación y la globalización.
Igualmente, la globalización no es un concepto ahistórico que genera un nuevo orden, sino que desordena el capitalismo keynesiano, ya que le quita límites, garantías, valores y controles, con lo que puede entenderse como una fase más del capitalismo que conlleva, finalmente, “al quiebre de la solidaridad orgánica y al establecimiento de la eficiencia financiera como el valor central” En este sentido, la globalización es una nueva etapa histórica del capitalismo moderno y del sistema geopolítico mundial que supone el triunfo definitivo del capitalismo desarrollado globalmente y de su ideología política, el neoliberalismo político y económico este proceso, conlleva un ajuste estructural que implica la privatización y la disminución del papel del Estado Social y la hegemonía de los conceptos neoliberales en materia de relaciones económicas, impulsando la tendencia generalizada en el mundo a la democratización, al Estado de Derecho con economías liberales y a la aparición de actores supranacionales y transnacionales promotores de la protección de los derechos del hombre como las organizaciones no gubernamentales. Así, los caracteres fundamentales de la globalización se refieren a “un cambio en los modelos de producción que contribuye al surgimiento de una nueva división internacional del trabajo, al desarrollo de los mercados de capitales establecidos más allá de las naciones y de sus fronteras, a una expansión de las multinacionales con poder a escala planetaria” , y a la importancia creciente de los acuerdos comerciales entre naciones que permiten la formación de grandes bloques económicos regionales que terminan imponiéndose a los derechos nacionales, por tanto, prácticas económicas de desarrollo en la economía neoliberal obedecen a dichas políticas.
De acuerdo a las lógicas presentes se puede evidenciar que los Derechos Humanos al ser parte de esa globalización se han convertido en el discurso que legitima dicho proceso, debido a que “las políticas de derechos humanos han estado al servicio de económicos y geopolíticos de los estados capitalistas hegemónicos” lo que refleja una importante tensión de las antes mencionadas entre el Estado-Nación y globalización, ya que la política de Derechos Humanos al ser una política cultural y hablar de cultura necesariamente infiere diferencia, peculiaridad, identidad y sujeto. Por tal motivo el mismo Boaventura de Sousa, se pregunta, “¿Cómo pueden los Derechos Humanos ser al mismo tiempo una política global y una política cultural?” , cuya respuesta está situada desde la pluralidad y desde una dimensión más social y cultural que económica, como el “proceso por medio del cual una condición o entidad local dada tiene éxito en extender su rango de acción sobre todo el globo y, haciéndolo, desarrolla la capacidad de designar a una condición o entidad rival como local” . Así, expone que en el sistema mundial capitalista de occidente la globalización es la globalización exitosa de un localismo dado, donde resulta fácil encontrar una referencia cultural específica; a la vez que la globalización siempre conlleva la especial localización de algún localismo triunfador. De esta forma, Sousa Santos expone diferentes modos de producción de la globalización: una globalización desde arriba que incluye al localismo globalizado y al globalismo localizado, y una globalización desde abajo que implica el cosmopolitismo y la herencia común de la humanidad.
En síntesis de tan importante tesis podría establecerse que; el localismo globalizado responde a la conceptualización desde dimensiones sociales y culturales de la globalización propiamente dicha, donde un localismo se globaliza exitosamente frente a otros. Mientras que el globalismo localizado, es el impacto de la globalización sobre condiciones locales que traen como consecuencia su desestructuración y reestructuración. Así, el globalismo localizado es no sólo el impacto sino la huella, que muchas veces es herida, que las globalizaciones van dejando en los distintos localismos sobre los que se encuentra dominando. Por ello, entiende Sousa Santos que el “sistema mundial es una red de localismos globalizados y de globalismos localizados” en la que los países centrales -primer mundo- se especializan en localismos globalizados, o sea en la globalización propiamente dicha y a los países periféricos -países en desarrollo, empobrecidos o tercer mundo- se les imponen los globalismos localizados, se les obliga a vivir en escenarios donde se desestructuran todos sus parámetros culturales, su idiosincrasia, sus formas de vida, y se le reconstruyen a la manera destructiva creativa que tiene el capitalismo, construyéndoseles una historia y una cultura que limite la subjetividad de los sujetos permita y no cuestione la dominación hegemónica y que las mecanismos que los sujetos emplean a fin de intentar subvertir dichos procesos son las mismas que éstos producen, garantizando su inmunidad ante los mismos (prácticas discursivas, derechos humanos, etc.), que es lo que denomina globalización desde arriba. A la globalización desde abajo, una globalización contra hegemónica, la define desde el proceso de cosmopolitismo como la reorganización de Estados-Nación, de organizaciones, de grupos sociales y culturales, de regiones, en fin, de cualquier escenario social dominado que se organiza transnacionalmente para defender sus intereses comunes, utilizando en su beneficio los instrumentos que la propia globalización trae consigo.
El cosmopolitismo es una estrategia de enfrentamiento a la globalización con los mismos instrumentos que ésta utiliza, pero con objetivos emancipadores, es como un quedarse con el vuelto del proceso de dominación. Así, encontramos a organizaciones no gubernamentales, a grupos sociales y culturales organizados mundialmente, dialogando con centros de poder, con redes de grupos de desarrollo, con grupos económicos, con organizaciones internacionales. Por último, a la herencia común de la humanidad la relaciona con problemas de naturaleza global, como la sostenibilidad de la vida humana, los temas ambientales, la exploración del espacio, entre otros.
Para dar cuenta de los derechos humanos con una posibilidad ser puestos al servicio de de una política progresista y emancipatoria, es preciso tener en cuenta las tensiones mencionadas líneas arriba y sobre las cuales deben establecerse a fin de liberar la espesa sombra de duda que existe sobre los derechos humanos como libreto emancipatorio. Puesto, anteriormente, los movimientos de izquierda veían a los Derechos Humanos como parte de la política de la Guerra Fría, por lo que seguían prefiriendo el lenguaje de la revolución y el socialismo que tenían, todavía, sentido emancipatorio. Pero hoy, estos mecanismos también están en crisis, se han globalizado y las fuerzas de izquierda están comenzando a ver en los Derechos Humanos una estrategia importante como instrumento emancipatorio. Pero no con cualquier contenido, sino bajo determinadas condiciones que resalten y apoyen “el potencial emancipatorio de la política de los Derechos Humanos” como política global y política cultural, o sea, teniendo en la mira “tanto la capacidad global como la legitimidad local para una política progresista de los Derechos Humanos” . De la misma forma, es necesario desarrollar mecanismos de reorienten la ideología de los Derechos Humanos, para que puedan ser vistos por fin como elementos emancipatorios para los seres humanos, y no mecanismos formales de legitimación de un poder o una ideología ajena a la subjetividad de las comunidades e individuos, tal y como se expresan de manera formal en la globalización neoliberal. Boaventura de Sousa, presenta la posibilidad de concebir a los Derechos Humanos “desde el cosmopolitismo, como una globalización desde abajo, centrándose especialmente en los aspectos culturales; ya que para poder operar como una forma cosmopolita y contra hegemónica de globalización, los Derechos Humanos deben ser reconceptualizados como multiculturales” .
Los Derechos Humanos se encuentran, entonces, en una encrucijada vital: o siguen siendo parámetro legitimador de la globalización neoliberal actual, alejados por completo del perfil emancipador o bien, asumen un aspecto emancipador y libertador y se reconstruyen y redefinen como instrumento de crítica, de análisis, de lucha y de reivindicación. La alternativa se constituye en cambiar la ideología de los Derechos Humanos frente a la ideología de la globalización contemporánea, desde la que sea posible reclamarles otras funciones que le permitan ser instancia y escenario de diálogo intercultural entre todas las culturas, una red de política cosmopolita en la que puedan construirse estrategias de liberación y de calidad de vida desde el lenguaje de la emancipación, reconstruyendo la subjetividad de los individuos, deslegitimando los discursos y las prácticas de dominación, constituyéndose en interlocutor válido, y fuerte frente a las instancias de poder para que la efectividad de los Derechos Humanos no sea sólo una quimera.
En este mismo sentido, también la globalización puede ser diferente. En la medida en que se cambien los objetivos que ésta tiene tan y en los cuales no se encuentra como alternativa la búsqueda de una calidad de vida igualmente adecuada para todos. Algunos autores proclaman el hecho de que la globalización es susceptible de lo peor y de lo mejor, y que ahora estamos viendo sólo una cara. En ese orden de ideas retomando a De Sousa Santos, puede considerarse posible una globalización diferente, una globalización contrahegemónica, desde abajo, “donde lo que se globalice sea el bienestar de toda la humanidad como iguales en derechos pero diferentes en nuestra identidad como seres culturales” , que garanticen sin fisuras la igualdad y la libertad reales de todos los seres humanos.
Por tanto al prestar atención al panorama actual de la globalización económica, cultural y política mundial, se establece un importante desafío para los Derechos Humanos en el siglo XXI consistente en la posibilidad de convertirse en estrategia de emancipación. Y el gran dilema, en si el sistema globalizado neoliberal actual le permitirá transformarse en instrumento de liberación que le exija valorar la vida y la humanidad sin condicionamientos. Y teniendo en cuenta que las historias de la globalización son contadas siempre por los actores que ganan es pertinente dar ese paso hacia la subversión de quien tradicionalmente ha contado la historia.
Resulta conveniente analizar el contexto en el que se desarrolla la globalización, puesto que se evidencia la necesidad de considerar las relaciones que se establecen entre la globalización y la construcción política, social, cultural y económica que se teje en torno a ella durante el siglo XX y comienzos del actual. Construcción que se configura de la mano de la adopción definitiva del modelo capitalista neoliberal, surgimiento de las luchas de clases transnacionales, “La internacionalización del capital significa simultáneamente la internacionalización del proceso productivo y también la internacionalización de la cuestión social. Internacionalización de las clases sociales, reciprocidades y antagonismos. La lucha de clases conducida por el capital ocurre por todo el mundo y el proletariado ya no puede ignorar este hecho” , inestabilidades económicas en los países en vías de desarrollo, entre otras.
Así pues Globalización en términos de Boaventura de Sousa, “se compone de conjuntos de relaciones sociales que al interrelacionarse dan como resultado la historia de los ganadores, contada por los ganadores”. Agrupando sistemática y formalmente a la humanidad bajo el escenario positivo del derecho pero creando brechas sustanciales y diferencias significativas en cuanto a lo que debería igualar a los sujetos: el derecho a ser humanos y a vivir como tales. Pues las políticas transnacionales no lo permiten.
No obstante debe entenderse a la globalización como un sistema complejo en continuo movimiento que es susceptible de ser analizado a la luz de diversas disciplinas y que, por ser un proceso dinámico, hace referencia a “una serie compleja de ‘procesos’ históricos de transformación económica, tecnológica, institucional y social” . Estos procesos de transformación, no pretenden que se busquen interpretaciones de sus posibles efectos, sino que establecen que mientras más se globalizan las relaciones jurídico-económicas, “más se ‘localizan’ o se ‘fragmentan’ las manifestaciones sociales, laborales y culturales, en las cuales aquéllas han de desarrollarse, produciendo además una relación desigual entre unas y otras” .
La globalización se establece como la práctica por esencia de la modernidad y de la occidentalización, se asimila al argumento de “deconstrucción” que da el capitalismo en su fase de expansión global. Puesto que lo que la deconstrucción en el sistema mundial por parte de la globalización genera realidades destruidas y fragmentadas donde no hay un sentido unificador o universal, a la vez una universalidad totalitaria que se ubica en nuevo modelo del libre comercio- desregulación- eficiencia de los mercados financieros, que son los mecanismos a través de los cuales se construye o deconstruye esta nueva realidad destruida. La racionalidad instrumental se constituye en elemento fundamental de políticas transnacionales y hegemónicas.
Se evidencia en el proceso que significa la globalización un proceso de reconfiguración del orden mundial, donde los modelos económicos tomas importante significación. Se establece entonces como el movimiento que pone en crisis la soberanía del estado-Nación, puesto que el tipo de relaciones que se establecen entre los estados ya no tiene un carácter interestatal sino ahora están sometidos al tipo de relaciones transnacionales, en las cuales las fronteras son reducidas a tal punto que la no hay necesidad de apertura; pues prácticamente están despareciendo. Así mismo se encuentra un panorama en el que la permeabilidad de las decisiones políticas y económicas y Desterritorialización de las relaciones sociales en general que se extiende a todos los aspectos de la realidad social, económica, política y cultural. Resaltando las “tensiones dialécticas que se fundan en el corazón de la modernidad occidental” dichas tensiones son entre la regulación social y la emancipación social; entre el Estado y la sociedad civil; y finalmente entre el Estado-Nación y la globalización.
Igualmente, la globalización no es un concepto ahistórico que genera un nuevo orden, sino que desordena el capitalismo keynesiano, ya que le quita límites, garantías, valores y controles, con lo que puede entenderse como una fase más del capitalismo que conlleva, finalmente, “al quiebre de la solidaridad orgánica y al establecimiento de la eficiencia financiera como el valor central” En este sentido, la globalización es una nueva etapa histórica del capitalismo moderno y del sistema geopolítico mundial que supone el triunfo definitivo del capitalismo desarrollado globalmente y de su ideología política, el neoliberalismo político y económico este proceso, conlleva un ajuste estructural que implica la privatización y la disminución del papel del Estado Social y la hegemonía de los conceptos neoliberales en materia de relaciones económicas, impulsando la tendencia generalizada en el mundo a la democratización, al Estado de Derecho con economías liberales y a la aparición de actores supranacionales y transnacionales promotores de la protección de los derechos del hombre como las organizaciones no gubernamentales. Así, los caracteres fundamentales de la globalización se refieren a “un cambio en los modelos de producción que contribuye al surgimiento de una nueva división internacional del trabajo, al desarrollo de los mercados de capitales establecidos más allá de las naciones y de sus fronteras, a una expansión de las multinacionales con poder a escala planetaria” , y a la importancia creciente de los acuerdos comerciales entre naciones que permiten la formación de grandes bloques económicos regionales que terminan imponiéndose a los derechos nacionales, por tanto, prácticas económicas de desarrollo en la economía neoliberal obedecen a dichas políticas.
De acuerdo a las lógicas presentes se puede evidenciar que los Derechos Humanos al ser parte de esa globalización se han convertido en el discurso que legitima dicho proceso, debido a que “las políticas de derechos humanos han estado al servicio de económicos y geopolíticos de los estados capitalistas hegemónicos” lo que refleja una importante tensión de las antes mencionadas entre el Estado-Nación y globalización, ya que la política de Derechos Humanos al ser una política cultural y hablar de cultura necesariamente infiere diferencia, peculiaridad, identidad y sujeto. Por tal motivo el mismo Boaventura de Sousa, se pregunta, “¿Cómo pueden los Derechos Humanos ser al mismo tiempo una política global y una política cultural?” , cuya respuesta está situada desde la pluralidad y desde una dimensión más social y cultural que económica, como el “proceso por medio del cual una condición o entidad local dada tiene éxito en extender su rango de acción sobre todo el globo y, haciéndolo, desarrolla la capacidad de designar a una condición o entidad rival como local” . Así, expone que en el sistema mundial capitalista de occidente la globalización es la globalización exitosa de un localismo dado, donde resulta fácil encontrar una referencia cultural específica; a la vez que la globalización siempre conlleva la especial localización de algún localismo triunfador. De esta forma, Sousa Santos expone diferentes modos de producción de la globalización: una globalización desde arriba que incluye al localismo globalizado y al globalismo localizado, y una globalización desde abajo que implica el cosmopolitismo y la herencia común de la humanidad.
En síntesis de tan importante tesis podría establecerse que; el localismo globalizado responde a la conceptualización desde dimensiones sociales y culturales de la globalización propiamente dicha, donde un localismo se globaliza exitosamente frente a otros. Mientras que el globalismo localizado, es el impacto de la globalización sobre condiciones locales que traen como consecuencia su desestructuración y reestructuración. Así, el globalismo localizado es no sólo el impacto sino la huella, que muchas veces es herida, que las globalizaciones van dejando en los distintos localismos sobre los que se encuentra dominando. Por ello, entiende Sousa Santos que el “sistema mundial es una red de localismos globalizados y de globalismos localizados” en la que los países centrales -primer mundo- se especializan en localismos globalizados, o sea en la globalización propiamente dicha y a los países periféricos -países en desarrollo, empobrecidos o tercer mundo- se les imponen los globalismos localizados, se les obliga a vivir en escenarios donde se desestructuran todos sus parámetros culturales, su idiosincrasia, sus formas de vida, y se le reconstruyen a la manera destructiva creativa que tiene el capitalismo, construyéndoseles una historia y una cultura que limite la subjetividad de los sujetos permita y no cuestione la dominación hegemónica y que las mecanismos que los sujetos emplean a fin de intentar subvertir dichos procesos son las mismas que éstos producen, garantizando su inmunidad ante los mismos (prácticas discursivas, derechos humanos, etc.), que es lo que denomina globalización desde arriba. A la globalización desde abajo, una globalización contra hegemónica, la define desde el proceso de cosmopolitismo como la reorganización de Estados-Nación, de organizaciones, de grupos sociales y culturales, de regiones, en fin, de cualquier escenario social dominado que se organiza transnacionalmente para defender sus intereses comunes, utilizando en su beneficio los instrumentos que la propia globalización trae consigo.
El cosmopolitismo es una estrategia de enfrentamiento a la globalización con los mismos instrumentos que ésta utiliza, pero con objetivos emancipadores, es como un quedarse con el vuelto del proceso de dominación. Así, encontramos a organizaciones no gubernamentales, a grupos sociales y culturales organizados mundialmente, dialogando con centros de poder, con redes de grupos de desarrollo, con grupos económicos, con organizaciones internacionales. Por último, a la herencia común de la humanidad la relaciona con problemas de naturaleza global, como la sostenibilidad de la vida humana, los temas ambientales, la exploración del espacio, entre otros.
Para dar cuenta de los derechos humanos con una posibilidad ser puestos al servicio de de una política progresista y emancipatoria, es preciso tener en cuenta las tensiones mencionadas líneas arriba y sobre las cuales deben establecerse a fin de liberar la espesa sombra de duda que existe sobre los derechos humanos como libreto emancipatorio. Puesto, anteriormente, los movimientos de izquierda veían a los Derechos Humanos como parte de la política de la Guerra Fría, por lo que seguían prefiriendo el lenguaje de la revolución y el socialismo que tenían, todavía, sentido emancipatorio. Pero hoy, estos mecanismos también están en crisis, se han globalizado y las fuerzas de izquierda están comenzando a ver en los Derechos Humanos una estrategia importante como instrumento emancipatorio. Pero no con cualquier contenido, sino bajo determinadas condiciones que resalten y apoyen “el potencial emancipatorio de la política de los Derechos Humanos” como política global y política cultural, o sea, teniendo en la mira “tanto la capacidad global como la legitimidad local para una política progresista de los Derechos Humanos” . De la misma forma, es necesario desarrollar mecanismos de reorienten la ideología de los Derechos Humanos, para que puedan ser vistos por fin como elementos emancipatorios para los seres humanos, y no mecanismos formales de legitimación de un poder o una ideología ajena a la subjetividad de las comunidades e individuos, tal y como se expresan de manera formal en la globalización neoliberal. Boaventura de Sousa, presenta la posibilidad de concebir a los Derechos Humanos “desde el cosmopolitismo, como una globalización desde abajo, centrándose especialmente en los aspectos culturales; ya que para poder operar como una forma cosmopolita y contra hegemónica de globalización, los Derechos Humanos deben ser reconceptualizados como multiculturales” .
Los Derechos Humanos se encuentran, entonces, en una encrucijada vital: o siguen siendo parámetro legitimador de la globalización neoliberal actual, alejados por completo del perfil emancipador o bien, asumen un aspecto emancipador y libertador y se reconstruyen y redefinen como instrumento de crítica, de análisis, de lucha y de reivindicación. La alternativa se constituye en cambiar la ideología de los Derechos Humanos frente a la ideología de la globalización contemporánea, desde la que sea posible reclamarles otras funciones que le permitan ser instancia y escenario de diálogo intercultural entre todas las culturas, una red de política cosmopolita en la que puedan construirse estrategias de liberación y de calidad de vida desde el lenguaje de la emancipación, reconstruyendo la subjetividad de los individuos, deslegitimando los discursos y las prácticas de dominación, constituyéndose en interlocutor válido, y fuerte frente a las instancias de poder para que la efectividad de los Derechos Humanos no sea sólo una quimera.
En este mismo sentido, también la globalización puede ser diferente. En la medida en que se cambien los objetivos que ésta tiene tan y en los cuales no se encuentra como alternativa la búsqueda de una calidad de vida igualmente adecuada para todos. Algunos autores proclaman el hecho de que la globalización es susceptible de lo peor y de lo mejor, y que ahora estamos viendo sólo una cara. En ese orden de ideas retomando a De Sousa Santos, puede considerarse posible una globalización diferente, una globalización contrahegemónica, desde abajo, “donde lo que se globalice sea el bienestar de toda la humanidad como iguales en derechos pero diferentes en nuestra identidad como seres culturales” , que garanticen sin fisuras la igualdad y la libertad reales de todos los seres humanos.
Por tanto al prestar atención al panorama actual de la globalización económica, cultural y política mundial, se establece un importante desafío para los Derechos Humanos en el siglo XXI consistente en la posibilidad de convertirse en estrategia de emancipación. Y el gran dilema, en si el sistema globalizado neoliberal actual le permitirá transformarse en instrumento de liberación que le exija valorar la vida y la humanidad sin condicionamientos. Y teniendo en cuenta que las historias de la globalización son contadas siempre por los actores que ganan es pertinente dar ese paso hacia la subversión de quien tradicionalmente ha contado la historia.


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